Andrés Escobar, o como lo llamaban, “el caballero del futbol”, fue el protagonista de un hecho histórico del país, pero no por algo bueno, sino por algo triste y oscuro. cometió un error, un error que lastimosamente le costó su vida, dejando manchado el nombre de Colombia, tanto nacional como internacionalmente.
Por: Sergio Alejandro Bohórquez Pérez
Han pasado muchos años desde el asesinato de Andrés Escobar, pero todavía es imposible no sentir rabia e impotencia cuando se habla de ese tema. Su muerte no solo fue una tragedia, sino una muestra clara de lo mal que estábamos (y en parte seguimos) cuando dejamos que la violencia se meta hasta en lo que debería unirnos: el fútbol.
Escobar hizo un autogol en el Mundial del 94, sí. Pero eso le puede pasar a cualquiera, incluso a los mejores jugadores del mundo. Fue una jugada desafortunada. Lo que pasó después no tiene justificación. Que alguien pierda la vida por un error deportivo no solo es injusto, es inhumano. Es la prueba más dura de que en ese momento la presión del narcotráfico, las apuestas ilegales y la frustración colectiva estaban manejando emociones que nunca debieron llegar tan lejos.
Lo que más duele es que Escobar no solo era un excelente jugador; era alguien respetado, calmado, profesional. Incluso después de la derrota, él pidió tranquilidad, pidió que aprendiéramos de lo ocurrido. Y aun así terminaron asesinándolo. Su muerte refleja lo peor de nuestra sociedad: cómo a veces dejamos que la ira, la intolerancia y la violencia decidan por nosotros.
Estar en contra del asesinato de Andrés Escobar no es solo una simple una opinión. Porque nadie, absolutamente nadie, merece morir por un partido de fútbol. El deporte es pasión, sí, pero también es respeto, compañerismo y humanidad. Si olvidamos eso, entonces no hemos aprendido nada.
La muerte de Escobar debería servirnos para recordar que el fútbol no puede ser una excusa para justificar la violencia. Ojalá algún día podamos decir que aprendimos de este error gigantesco y que ninguna derrota, por dura que sea, nos volverá a quitar algo tan sagrado como la vida de una persona.

