Cada marzo el feminismo se pinta de violeta, pero entre frases bonitas y campañas virales, se olvida la lucha que busca cambiarlo todo.
Por: Sara Betancourt
Cada marzo, las redes se llenan de frases como “Eres poderosa”, “Tú puedes con todo” o “Sé la protagonista de tu historia”, “girl power”. Marcas de maquillaje, ropa o perfumes se visten de violeta y reparten mensajes de empoderamiento femenino.
Todo parece inspirador hasta que te das cuenta de que ese poder que te venden no amenaza en lo más mínimo al sistema que nos oprime.
Del cambio social al eslogan publicitario: la lucha que se volvió tendencia.
El llamado “empoderamiento femenino” se ha convertido en un producto más. Se
vende en frascos, camisetas o reels motivacionales, hablando de la mujer
empoderada de alto valor.
Pero ese tipo de empoderamiento individual es el de la “bichota” que todo lo puede. No transforma las relaciones de poder, solo las disfraza. Porque, como dicen muchas teóricas feministas, el poder no se posee se ejerce.
No es algo que una mujer pueda tener por sí sola, sino una relación entre personas,
instituciones y estructuras. Por eso el feminismo no busca que las mujeres tengan
poder, sino que las relaciones de poder dejen de ser jerárquicas. Que no haya quien
esté arriba y quien esté abajo.
El discurso del empoderamiento individual, en cambio, nos dice que si trabajas en ti
misma, si confías, si te amas, si te esfuerzas, podrás vencer cualquier cosa. Suena
bonito, pero también es peligroso culpabilizar a las mujeres por no lograrlo.
Si te violentan, si te pagan menos o si no puedes salir de una situación injusta, entonces
según esa lógica es porque no te apoderaste lo suficiente.
Además, este discurso es funcional al sistema mientras creemos que el cambio
depende sólo de nosotras, el patriarcado y el capitalismo siguen intactos. El
feminismo se vuelve mercancía, y las marcas se benefician vendiéndose confianza,
autoestima y poder en envases rosados.
Claro que está bien sentirse segura, quererse y tener autoestima. Pero eso no
sustituye la lucha colectiva, la que busca transformar las condiciones que realmente
oprimen a las mujeres. Porque el empoderamiento que no incomoda al poder, no es
empoderamiento: es marketing.
Así que sí, qué chimba sentirse una “bichota”, pero que no se nos olvide que el
feminismo no se trata de brillar solas, sino de cambiar juntas las reglas del juego.

