por.Diego Alejandro Galeano
en estos tiempos donde se publica y se comporta, se hace curioso que lo que antes era motivo de orgullo —tener pareja— ahora parezca un gesto incómodo o incluso vergonzoso. El artículo de Vogue, “¿Es que ahora da vergüenza tener novio?”, plantea una reflexión que se siente más actual que nunca: ¿por qué las relaciones heterosexuales se esconden en las redes sociales cuando antes eran casi una medalla?
Durante años, las mujeres fueron educadas para definirse a partir del amor romántico y la búsqueda de la familia perfecta impuesta por la sociedad. Tener novio no solo era una meta, sino una forma de validación social. Las redes amplificaron ese modelo, convirtiendo las relaciones en un escaparate de felicidad y éxito emocional. Sin embargo, con el tiempo, ese mismo exceso empezó a generar rechazo: lo que antes era “meta” ahora se percibe como dependencia o superficialidad.
Hoy, mostrar al novio en una foto puede parecer una traición a la independencia femenina. Vivimos en una era en la que la soltería se asocia con libertad, autenticidad y amor propio. Las mujeres ya no quieren que se les identifique por su pareja, pero tampoco quieren renunciar al afecto. De ahí surge esta nueva contradicción: se ama en privado, pero se comparte en público de forma simbólica, con fotos borrosas, manos en volantes o copas sin rostro.
Este fenómeno no solo habla de vergüenza, sino también de una redefinición del amor en la era digital. Ya no se trata de ocultar, sino de proteger: proteger la intimidad, el equilibrio emocional y la imagen personal. Las redes han hecho del amor un espectáculo, y cada ruptura, un drama público. Es comprensible que muchas prefieran mantener ese espacio fuera de los ojos ajenos.
En el fondo, no se trata de sentir vergüenza por tener pareja, sino de recuperar el control de la narrativa amorosa. Mostrar menos no siempre significa amar menos, sino elegir con conciencia qué parte de nuestra vida queremos que sea pública. Tal vez el nuevo amor moderno no necesita likes ni demostraciones, sólo autenticidad y silencio.
