Los derechos trans han generado controversias y debates, sin embargo, debería conocerse más su historia, para reducir miedos y prejuicios.
Autor: Dayann Osorio.
La identidad de género y la ausencia de derechos trans es un tema que viene a debate una y otra vez cada cierto tiempo. Casi siempre las personas suelen sacar este tipo de temas a flote para ganar puntos en una batalla cultural y/o tradicionalista, lo que no se tienen cuenta es que mientras estamos generando controversias y exclusión, hay muchas vidas que siguen en juego a las que se les vulnera derechos básicos como el respeto, la seguridad y dignidad.
La discusión pública numerables veces se reduce a una “ofensa” mayoritariamente hacia la generación milennial y anteriores. Muchos están de acuerdo en que se les den los derechos correspondientes a las personas trans, sin embargo, algunos aseguran que esto no sería una necesidad, sería un “privilegio”, pero lo cierto es que, de esta manera se sigue generando exclusión y discriminación, pues nadie debería ir por el mundo gritando que es diferente e independientemente de eso, debe ser respetado, ¿por qué no se normaliza tratar con respeto sin mirar quién eres, cómo te ves, o en lo que crees?
El hecho de reconocer la manera en la que se identifican los demás no debería ser un trend en TikTok, ni un video viral, sino una responsabilidad ética y social que debemos tener en cuenta en cualquier contexto. Las evidencias médicas, psicológicas y sociales han tenido décadas de investigación y han repetido que la identidad de género de una persona disminuye la violencia, reduce la tasa de suicidios y mejora el bienestar, porque negarlo no sólo contradice las investigaciones, también condena al sufrimiento a quienes ya enfrentan discriminación.
Gracias a esto, hablar de derechos trans, no debería considerarse o llamarse “dar más derechos”. Por el contrario, asegurarse y garantizar el cumplimiento de los mismos, tanto en una salud digna, educación sin bullying, como en la expedición de documentos que coincidan con quiénes son. Ninguno de estos debería ser un problema o un tema controversial, pero lo es. Lo es porque no se ha educado correctamente a la sociedad, porque la opinión pública sigue usando este tipo de temas como instrumento, porque no tenemos conciencia ni empatía de las personas con las que vivimos.
Las amenazas, la exclusión y la discriminación no sólo se presenta en los baños, en las aulas o en la calle, sino en nosotros mismos, cuando no somos capaces de reconocer a nuestra propia sociedad identificando los derechos trans, porque por el otro lado, estamos reflejando nuestros miedos en ellos, generando así, la violencia, la interrupción de vidas, entre otros actos violentos que no nos han permitido avanzar como sociedad.
Si realmente queremos hacer del mundo un lugar mejor, debemos demostrar nuestros principios, nuestros valores básicos, no se trata de religión, de cualquier creencia, se trata de tener empatía, con nosotros mismos, con quienes nos rodean, con quienes se atreven a salir al mundo de la manera en la que se sienten bien consigo mismos, quienes salen sin un chaleco antibalas porque confían en ti en tus principios como ciudadano, en que reconoces sus derechos como trans.
No logamos un cambio social haciéndonos a un lado del problema, sino levantándonos de frente con aquellas personas que creemos diferentes y respetarlas, aceptarlas, no actuar en contra de su seguridad e integridad. O acaso, ¿tú vas por la calle mencionando tu orientación sexual o política para merecer respeto o tener derechos?

