Por: Karen Julieth Rubio Bohorquez
Bogotá es una ciudad en la que todo puede pasar, conocida por algunos como ciudad gris, por otros como ciudad de oportunidades, pero…,” ¿cómo definiría Jake a la ciudad que lo recibió?”
Todo comienza en un pequeño pueblo en Boyacá llamado Santa Sofía, donde crecía un niño de campo con muchas ilusiones y sueños por cumplir, pero él y su familia sabían que en su hermoso y pequeño pueblo, no lograría alcanzar lo cuál tanto quería, ser un gran actor. Esto lo apasionaba, para muchos era un sueño absurdo, pues nada podía garantizar el tener éxito si llegaba a intentarlo.
Sin embargo, “es un joven optimista que con el apoyo de sus padres decidió emprender un nuevo camino”. Para esto debía estar cerca de los grandes, de aquellos que llevaban años haciendo eso lo cuál él anhelaba tanto, deseaba alcanzar algún día, es así como decidió mudarse a la capital.
Cuando llego a Bogotá lo primero que notó, fue la grandeza de la ciudad, el hecho de siempre está corriendo. Es un lugar donde siempre alguien está haciendo algo, incluso llegó a pensar que era una ciudad que nunca tenía descanso; antes de irse de su pueblo, “su papá le advirtió que tuviera cuidado, pues su tía Yolanda le había contado muchas historias sobre lo insegura que es la capital”. Él también le dio claras instrucciones de cómo llegar a la casa que sería su nuevo hogar por un tiempo.
“Mijo, después de que se baje del bus, tiene que ir a buscar un bus rojo grande, es el TransMilenio”. Si se siente perdido, pregúntele a alguien dónde puede encontrar uno de esos, y ya cuando esté en la estación, le pregunta a los que trabajen ahí como llegar hasta el Tunal. Ahí su tía lo va estar esperando”
A Jake se le grabó al pie de la letra, cada una de las indicaciones que le dió su papá, aunque dudaba un poco al respecto…, “¿cómo podía darle las indicaciones, si él tampoco conocía la ciudad?”.
Al bajarse del bus, “buscó a la primera persona que le pareció amable para poder acercarse y preguntarle cómo llegar al dichoso TransMilenio que tanto le había mencionado su papá.
Una señora que al parecer vendía tintos, “fue la opción más razonable, pues el resto de las personas parecía que llevaban una bomba”, la cual tenían que entregar a tiempo para que no se les explotara. “Disculpe, eem… será que su merced me podría ayudar, soy nuevo en la ciudad y necesito un TransMilenio”.
“La señora con una sonrisa de punta a punta y como si hubiera visto un niño pequeño”le respondió: “Claro mijo, tiene que caminar dos cuadras aquí derecho y cuando vea un puente peatonal súbalo y páselo, ahí podrá ver los buses rojos.No olvide recargar su tarjeta para su pasaje” le respondió con dulzura”.
Jake, “muy agradecido”, le sonrió y se fue. Pero ahora tenía un nuevo problema, ¿cómo es eso de que necesitaba una tarjeta para poder utilizar el transporte aclaró que Jake, “aunque no venía con las manos vacías, tampoco tenía mucho dinero, pues él pensaba que podría trabajar y estudiar al mismo tiempo y de alguna manera”,sustentar sus gastos.
Tan pronto llego a la ventanilla le dijeron el precio de la tarjeta y además tenía que recargar para pagar su pasaje, en ese momento él entendió lo costoso de estar en la ciudad, en la cuál tenía muchas cosas por las cuales pagar.
Ya dentro de la estación buscó a alguien el cual parecía trabajar en Transmilenio. Según la descripción de su papá, tenían que ser personas que tuvieran un buso rojo y paletas que parecieran señales de alto.
Pasó por la pena de preguntarle a dos personas con sacos rojos que no trabajan ahí y no entendía porqué, después de que les preguntaba “parecían ofenderse”. Como si el hecho de insinuar trabajar en TransMilenio fuera un insulto para los habitantes.
Cuando por fin logró encontrar alguien sí trabajaba en ese lugar y tal vez podría ayudarlo sin recibir a cambio “un gruñido o una palabrota”, recibió la noticia que ningún bus le servía directamente.
Ahora Jake tenía un nuevo reto. no perderse, y en esa ciudad que ante sus ojos parecía no tener un fin, su primera meta era lograr encontrar el TransMilenio que le servía:”el E32”, el cual resultó estar en la última punta del portal ” En su mente solo podía pasar el hecho de “que” con todo lo caminado “ya hubiera recorrido más de la mitad de su hermoso pueblo”.
Entre más se aproximaba “iba viendo más personas acercándose, unas multitudes que parecían estarse preparando para la guerra. Todos con sus brazos como si fueran espadas y con sus maletas en frente como si fueran escudos.
Al subir un poco la mirada, Jake se percató de que estaban esperando el mismo bus en el cual él también necesitaba subirse. Así que decidido hacerse en la mitad de atrás, él solo podía observar lo que parecía ser una película de gladiadores o de alguna guerra.
No entendía cómo todo esto era posible por un E32, y se preguntaba así mismo: “¿Pero si todos van a entrar… ¿Por qué se pelean?
Tan pronto llego a el bus entendió todo, no se peleaban por el bus sino por un asiento, era sorprendente cómo todos se empujan unos a otros para poder entrar de primero y también el hecho de cómo el que no estaba empujando a nadie “estaba siendo llevado hacia la puerta por la multitud”.
Una vez dentro “pudo observar la velocidad con la que la gente se dormía, o eso hacían parecer lo sorprendente era que solo lo hacían por si llegaba una persona la cuál realmente necesitara la silla no tener que dársela por estar dormidos.
En el trayecto observó cómo muchas personas se subieron a vender comida, otros se subieron a pedir limosna, incluso pudo tener un mini concierto con un artista emergente que se subió a cantar. Al estar finalmente en el punto de llegada, se vio muy impactado pues no podía creer el hecho de solo llevaba un par de horas en la Capital y todo lo que ya le había pasado, incluso sentía como si hubiera llevado días.
“Al mismo tiempo se sentía muy cansado, pues al parecer el convivir con tantas personas y tantos ánimos diferentes” había resultado cansándolo a él.
Tras llegar su tía “lo recibió con los brazos abiertos y le preguntó cómo le había ido en el viaje del gran bus rojo. Jake le contó todo lo que le había pasado, y su Tía le hizo una pregunta que congeló por completo: “¿dónde están tu celular y tus papeles?”
Rápidamente empezó a buscar por todos sus bolsillos sin encontrar nada de lo que estaba buscando, no entendía cómo, o dónde se los habían quitado. La tía “al ver su cara” entendió lo que estaba pasando y lo único que pudo decirle fue: “Bienvenido a la Capital, Jake””.
