El poder del amor transforma el dolor en legado, ternura y esperanza compartida.
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Amor

Por: Sergio Amaya

Algún día existió una mujer capaz de darle tanto amor a un hombre que perdió todo, absolutamente todo. Nunca quiso nada a cambio ni tampoco esperaba que la vida misma la recompensará, pues amaba amar, quería sentir mas de lo que sentía y se arriesgaba a perder hasta sus razones de vivir tan solo por amor. Nadie entendía porque esta mujer le dedicaba su vida a repartir amor, amor a niños, animales, ancianos e incluso a parejas que solo fueron razones por las que derramó lágrimas en sus noches mas oscuras.

Un día mientras dedicaba su tarde a regalar un poco de pan a personas de bajos recursos un niño se le acercó. Luego de recibir su pan no se fue, pero no fue por una razón tonta, pues aquel niño aquella tarde no solo estaba invadido por el hambre, también tenia unas ganas inmensas de comprender el mundo mental de aquella mujer, y con solo una pregunta quiso descifrar todas las razones detrás del porque daba tanto amor o el porque de su gran corazón… “¿te puedo preguntar algo?”, dijo el niño. La chica respondió “claro muñeco, ¿Qué duda tienes?”, el niño sin pensarlo dos veces dijo “¿Por qué eres tan buena en este mundo donde hay gente tan mala?”. La muchacha se sonrió, desvelo un poco sus dientes y tras su sonrisa dejo aguar sus ojos, le respondió sin pensarlo dos veces, “mira chiquito, la vida siempre me trató bien en lo indispensable, jamás me falto comida, techo ni cama… pero me sentía incompleta, a pesar de que mis padres me ofrecieron todo lo que desee, jamás pensé en sentir aquel vacío”.

¿Vacío? A que se refería esta muchacha tan amable, la vida no parecía deberle nada, inclusive pensaríamos que por su calidad de vida debería ser como alguna otra rata de las que se visten de traje y piensan que a pesar de lo que tienen sus vidas no tienen mayor sentido que un signo de dinero. El niño sin respuestas que respondieran su duda pregunto de nuevo “¿pero porque eres así?, ¿Qué hace que des tanto amor?, yo no te he dado nada por este pan”. La muchacha dijo “te voy a contar una historia”.

Una noche fría, de niña sintiéndome pobre porque no me sentía capaz de sentir, de demostrar o de siquiera hablar, esa noche en que solo me abrigaba el frio, la mirada de la luna y un sonido de silencio ensordecedor. Esa noche me sentí tan vacía, tan sola, me sentí en la nada, mi vida no tenía razón alguna, nadie me amaba y yo no amaba a nadie. Esa noche horrible llegó un muchacho hermoso, un muchacho que mas allá de lo físico me enamoro. Obvio no en una noche, se tardo un poco mas. Mi refugio en las noches frías fue su pecho y mi cama se agrandaba cuando su ausencia retumbaba en las ventanas que dejaban pasar luces que solo oscurecían mi mente mientras mi cuarto claro no me dejaba dormir.

El joven, que apareció de la nada como un héroe en una serie, que me salvo de mis ataques depresivos o de ansiedad, que me libro de mi falta de querer, el hombre que soñé, un día desapareció, dejo de venir a verme, mis noches volvieron a ser tristes o como yo preferí llamarle, “normales”. Aquel hombre que me hizo sentir amor ahora se disfrazo de sombra, se ocultaba de mi mientras yo lloraba ríos, se tapaba en trapos que para mi eran invisibles.

Pasaron días, quizás no fueron días, quizás si fueron años como muchos me decían, quizás no debía extrañarlo mas, pero mi mente me decía “el vendrá”… Jamás volvió, nunca quiso saber de mi, aunque yo moría por verlo. Sane, me cure del alma y del corazón, volví a ser una chica triste, pero con el tiempo aprendí algo. Jamás debes esperar nada a cambio, tu amor vale una sonrisa, quitarle el hambre a alguien, dar abrigo a alguien con frío, o tal vez solo ofrecer un saludo en las calles.

Hoy el niño ya es un hombre y la chica falleció, pero el chico sigue su legado, ofreciendo amor a todos, pintando de color las baldosas grises por las que camina. Su gran amor está a su lado y tienen dos hijos, hijos a los que hoy les enseña que los errores son temporales, Pero el amor… el amor trasciende.

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