El vapo se volvió parte del día a día de muchos jóvenes, casi como un accesorio más. Pero detrás de esa normalización del vapo hay riesgos que nadie quiere afrontar.
Autor: Camila Andrea Osorio Espitia
El vapo en jóvenes, se ha convertido en uno de los temas más controversiales de estos últimos años. Aunque muchos lo definen como una alternativa menos dañina que el cigarrillo tradicional, considero que esta tendencia se ha salido de control. Además, la normalización del vapo en los jóvenes adolescentes, demuestra un problema que, como sociedad, seguimos ignorando: creemos que por que no huele a tabaco, no hace daño.
Hábito que pasó de la curiosidad a la cotidianidad: hoy en día es común, ver a estudiantes jóvenes con vapeadores en la mano, dentro de los colegios, fuera de las universidades o espacios públicos. Esta normalización del vapeo en jóvenes, no es una casualidad, los sabores, atractivos, diseños llamativos y el marketing disfrazado de tecnología moderna. Han convertido estos dispositivos en objetos cotidianos.
Sin embargo, que algo esté de moda no significa que sea seguro o fiable. Yo opino que estamos romanizando un riesgo real, ya que los jóvenes hoy en día, romantizan las cosas con la excusa de que es menos dañino que fumar cigarrillo. Considero que esta narrativa es algo peligrosa pues minimiza los efectos que aún no se comprenden totalmente. Estudios médicos ya muestran irritación pulmonar, dependencia a la nicotina y daños respiratorios, entonces me pregunto: ¿por qué seguimos actuando de tal manera como si no pasara nada?
Además, me preocupa que muchos adolescentes comienzan por probar, pero terminan desarrollando un hábito que se hace constante y que es difícil de abandonar. Por lo tanto, tratar el vapeo como una moda inofensiva, es ignorar una realidad incómoda: que estamos dejando que una industria millonaria capture la atención de los jóvenes y la salud de menores.
La responsabilidad que nadie quiera asumir: las marcas están buscando la atención de los jóvenes. Los adultos minimizan el tema, las instituciones no regulan las medidas y las redes sociales, viralizan contenido donde vapear, parece algo de moda, estético y socialmente aceptable. Por lo tanto, creo que este problema no se resuelve prohibiendo, sino educando, dejando de normalizar un consumo donde la consecuencia real, no la conocemos por completo.
Para concluir, el vapeo en jóvenes no es una moda inocente. Es un desafío de salud y una adicción que exige una acción, una regulación y sobre todo, una conciencia. Ignorarlo no funciona para nada, Ignorarlo ahora, podría costarnos más en el futuro.

