En medio de un evento publicitario brillante, dos voces empiezan a cuestionar el mensaje oficial, descubriendo que la verdad pesa mucho más
Por: Samuel Hernández, Marielvis Wilches, Mateo Pérez, Sarith Lemus, Victoria Ramirez
El video empezaba con un muchacho corriendo al amanecer, el sudor brillando como una promesa, esa era la escena que Marcos, el creativo, había pulido durante semanas, el cliente quería que la bebida energética pareciera casi sagrada; que al tomarla, los jóvenes sintieran que podían romper récords, paredes o hasta el silencio incómodo de sus propias inseguridades.
Pero desde que leyó el informe nutricional, Marcos no podía mirar la lata sin pensar en otra cosa: azúcar, mucha, demasiada. Un golpe dulce disfrazado de impulso deportivo.
La mañana del lanzamiento, la agencia estaba eléctrica, todos celebraban, todos menos él, que sentía que cada vez que alguien decía “activa tu vida”, lo que escuchaba realmente era “apaga tu criterio ”.
No muy lejos, Clara, la periodista del diario local, ensayaba mentalmente las preguntas que nunca le permitirían hacer, su editor le había mandado un mensaje escueto: “Sin detalles del azúcar, no conviene, no arruines la nota.”
Y ese “no conviene ” le sonó más a advertencia que a instrucción. Cuando el evento empezó, Marcos la vio: una chica con libretas, cara de sueño y mirada de quien sabe algo que no debería callarse, él sin querer le sostuvo la mirada, quizás ella también sentía que estaba en el lugar equivocado.
Los reflectores se encendieron, la música explotó, la bebida apareció como un ídolo moderno: brillante, fresca, casi heroica. El guión seguía, las cámaras grababan, pero dentro del pecho de ambos algo se desinfló: el impulso de decir la verdad, aunque nadie quisiera escucharla. Marcos, con un nudo en la garganta, cambió la última frase del discurso
sin avisar.
Clara, temblando de rabia y convicción, abrió un nuevo archivo para escribir otra versión de la historia.
Nadie lo notó de inmediato. Nadie lo esperaba. Pero a veces la verdad entra suave, como un sorbo… y otras veces arde como si despertara algo que llevaba demasiado tiempo dormido.

