Cadáver exquisito por: Maria Fernanda Acosta y Shelomit Gonzalez.
El día se abrió entre pasos cruzados y luces gastadas. Las sombras jugaban a mezclarse con los cuerpos, el aire olía a historia no contada.
No se si eras tú o un reflejo inventado. El tiempo se detuvo un instante, lo suficiente para que el silencio gritara a los cuatro vientos tu nombre.
Las vitrinas miraba sin entender, guardando en su vidrio el eco de una despedida. Nadie vio como el recuerdo se deslizó entre los adoquines que allí pisaba.

