La pena de muerte en Colombia es un tema que vuelve y juega cada vez que pasa algo horrible en el país. Uno ve noticias terribles y pues, claro, mucha gente dice que “ya es hora” de aplicar castigos más duros. Yo también entiendo esa reacción ,porque uno se llena de rabia.
Pero, sinceramente, cuando uno lo piensa con más calma, no parece una solución real sino más bien una salida rápida, como impulsiva. El impulso emocional… que casi siempre nos juega en contra Cuando ocurre un crimen atroz, lo primero que sale es la indignación. Y sí, es normal. Pero legislar desde la rabia casi nunca termina bien. Mucha gente cree que si aplicamos la pena de muerte en Colombia, entonces “se acabarían los crímenes graves”.
Pero la verdad es que, mirando otros países, eso no pasa necesariamente. Hay lugares donde existe y aun así tienen un montón de violencia. Entonces uno se pregunta: ¿de verdad sirve o es solo un castigo para sentir que “algo se hizo”? El problema real: un sistema judicial que todavía cojea… y bastante. Aquí es donde para mí está el punto más delicado. Colombia tiene un sistema de justicia que falla mucho.
A veces se equivocan, a veces se demoran años, a veces simplemente no pasa nada. Entonces, pensaren aplicar la pena de muerte en Colombia con este tipo de sistema es bien arriesgado. ¿Y si matan a alguien inocente? Ahí sí no hay forma de “corregir el error”. Por eso este castigo, al ser irreversible, necesita un sistema casi perfecto… y pues, no estamos ahí. Más prevención, menos castigos extremos.
Yo creo que, más que sonar duro, lo que necesitamos es un sistema que investigue mejor, que de verdad atrape a los responsables y que reduzca la impunidad, que es lo que más nos golpea. En Colombia no solucionaría la raíz del problema. Sería más como poner una curita en una herida gigante .Al final, no es justicia, es frustración convertida en castigo extremo. Lo verdaderamente difícil y lo que casi nadie quiere hacer es construir un país donde la justicia funcione antes de que ocurran las tragedias.

