Bogotá despierta entre nubes que rozan los cerros. Las hojas doradas y suaves bailan con el viento sobre las calles de ladrillo, dejando no solo un sonido único en cada paso, sino también una experiencia que envuelve los sentidos. El murmullo de la ciudad se mezcla con el silencio del alma que recuerda, como aquella canción que su abuela le cantaba a Margoth.
Al evocar esos momentos, se le humedecieron los ojos y una sonrisa se escapó, como si el aire trajera de vuelta la calidez de su infancia. Fue allí, en medio del bullicio y la nostalgia, donde renacieron los recuerdos más puros de su corazón.
Como aquella vez que dejó las llaves en el auto por la prisa, pero encontró en su amigo del trabajo el apoyo quecalmó su ansiedad. Desde entonces comprendió que no valía la pena aferrarse a lo que no podía controlar. Aprendió a dar prioridad a su paz y su salud mental, cultivando una vida más tranquila, donde cada respiro era un acto de gratitud.

